CREAN UNA CAFETERÍA PARA HABLAR DE SUS MUERTOS

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Crean una franquicia de cafeterías para hablar de la muerte con desconocidos
Publicado el Miércoles, 21 Junio 2017 21:27 Escrito por El Mundo

Sucederá antes o después. La muerte nos espera a todos. Ella es la otra cara de la vida aunque nos incomode abordarla incluso desde el lenguaje. Hablar sobre ella y analizar qué preocupaciones genera y qué nuevos escenarios plantea, facilita vivir con mayor naturalidad esa otra palabra tan temida: el duelo. ¿Iniciamos la conversación?

En más de 50 países, hay personas que acuden a una cita en un café. No se conocen, pero compartirán parte de su tiempo y quizá un trozo de tarta, eso y también sus impresiones sobre la muerte. Participan en un Death Café.

Hablar de la muerte

Naomi Richards es licenciada en Antropología Social por la Universidad de Edimburgo y, en la actualidad, es profesora en la Universidad de Glasgow e integrante del End of Life Studies Group. Es una de las promotoras de Death Café en el área de Dumfries y Galloway, en el sur de Escocia, y estudia el impacto real en la sociedad de esta intervención cultural. Es decir, la relevancia de un encuentro y conversación con desconocidos que permite plantear cuestiones, compartir puntos de vista y tomar consciencia.

En cada lugar del mundo la mecánica puede diferir. En Dumfries y Galloway, por ejemplo, no existen reglas y los asistentes toman asiento de forma libre en mesas de cuatro o seis. Se dan cita hombres y mujeres de diferentes edades e intereses. Hay quien asiste por simple curiosidad o porque acompaña a un amigo; hay quien lo hace porque la tiene presente; e incluso hay quien la vive abiertamente y ha contratado hasta el último detalle de su funeral.

No hay un moderador que lance una batería de preguntas. Es una tertulia sobre cómo se sienten, piensan y viven su propia mortalidad. Se trata de experimentar desde la naturalidad. No es una sesión dirigida por terapeutas. Y funciona porque, como indica Richards, «es una idea simple, se charla sobre lo primero que viene a la mente, sin atender a una estructura, en una atmósfera relajada y sin ser juzgado».

Éste, señala, es un buen ejemplo de cómo nos sentimos cohibidos a la hora de hablar sobre un asunto de máxima relevancia con nuestros seres queridos. Y cómo es más fácil hacerlo en una esfera más pública fuera de nuestro propio mundo íntimo, en un marco más colectivo.

Naomi Richards cuenta que el origen de este movimiento internacional hay que buscarlo en Bernard Crettaz, un sociólogo y antropólogo que quiso recuperar los ritos en torno a la muerte con los que él había crecido en una zona rural de Suiza.

Crettaz echó en falta este tipo de costumbres en la vida urbana y creyó que a los ciudadanos les faltaban ciertas herramientas. En 2010, dio forma a la idea y celebró el primer Café Mortels en París.

La repercusión del evento en los medios de comunicación de Reino Unido llevó a un desarrollador web británico, Jon Underwood, a replicar la idea en su apartamento de Londres, crear la web Death Café y una fórmula, como apunta Richards, de «franquicia». Lo relevante es que hoy la iniciativa tiene lugar en grandes ciudades y en pequeñas comunidades, y que cada evento tiene su propia mecánica.

Muerte medicalizada

En España, HU-CI (Humanizando los Cuidados Intensivos) está detrás de este tipo de convocatorias, realizadas en una veintena de ciudades. Gabriel Heras La Calle, médico especialista en Cuidados Intensivos y creador del proyecto, corrobora la opinión de Richards: «A veces es más fácil hablar con 15 desconocidos que con tu propia familia sobre asuntos como: ¿Hay algo más? ¿Quieres ser donante? ¿Prefieres ser enterrado o incinerado? ¿Te

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