Archivo para abril, 2013

SUPUESTO CEMENTERIO DE LA FARC EN COLOMBIA

Viernes, 5 de abril de 2013

 

Está en la vereda Los Andes, en San Vicente del Caguán. Tumbas, identificadas solo por un nombre.

La trocha serpentea por entre el monte nativo, que de vez en cuando es interrumpido por alguna casa de madera, techo de zinc y piso de barro.

De repente, al llegar a la vereda Los Andes, en San Vicente del Caguán, el panorama cambia. En un claro, a un costado de la vía, se ve un encerramiento de piedra perfectamente apilada, pintada con líneas negras y rojas.

Más atrás se observa un jardín de pinos perfectamente podados. No son arbustos de la región, aunque nadie se acuerda cómo los trajeron. Estos árboles ocultan a primera vista una reja metálica de más de dos metros de alto, rematada con alambre de púas, pero lo que realmente esconden es un cementerio.

El lugar muestra un claro contraste con el entorno; es imposible que pase inadvertido a los ojos de cualquier foráneo.

Frente al sitio hay unas viviendas humildes y la escuela marcada por un letrero alusivo a las Farc. Es claro que históricamente esta ha sido una región de influencia de este grupo guerrillero.

Oficialmente es el cementerio de Los Andes, una vereda de agricultores; nadie puede negar eso. Pero en voz baja la gente reconoce que fue construido por las Farc durante la zona de despeje (1998-2002).

Allí no entra cualquiera. Al llegar al sitio, desde una de las casas dan la autorización para traspasar la reja. Varios jóvenes nos acompañan.

Aunque en la vereda no entra la señal de celular, los muchachos utilizan sus teléfonos para escuchar música, y, de paso, para tomarnos fotos de manera disimulada.

El cementerio tiene en su interior caminos en pequeña piedra picada, no solo para adornar, sino para evitar que los eventuales visitantes se ensucien los pies con la greda.

Tras caminar por los callejones se llega a la zona en la que están las tumbas cuidadosamente dispuestas y mucho mejores que las de cualquier camposanto de pueblo.

Los sepulcros están alineados y construidos de manera uniforme. Todos están enchapados en la misma losa verde que debió ser traída desde un centro urbano.

Pero no es la única particularidad. Contrario a lo que se ve en cualquier cementerio, en este no hay cruces ni imágenes religiosas. La mayoría de las tumbas están identificadas solo por un simple nombre. Wilson, Javier, Leonid son algunos de los que se pueden leer. No hay apellidos, ni fecha de nacimiento o de fallecimiento.

Uno de los pobladores contó que estuvo hace varias semanas en el funeral de unos guerrilleros. Recordó que los cuerpos (unos ocho) fueron llevados en ataúdes y que no permitieron observar. “No eran cajas ordinarias”, dijo un testigo.

De acuerdo con su relato, hubo una breve ceremonia religiosa en la que estuvieron algunos parientes de los muertos. El grupo de guerrilleros de camuflado y armamento que trajo los cadáveres no participó del rito. Se mantuvo a un lado, en silencio.

Sin embargo, Edinson, uno de los jóvenes que nos acompaña, asegura que en el lugar solo se entierra a los campesinos de la zona que mueren, “no a guerrilleros”. Insiste en que el mantenimiento lo hace la junta comunal.

Las bóvedas

En un rincón del camposanto hay un lugar para bóvedas normales, algunas de las cuales sí tienen lápidas de mármol, que cuentan con los nombres, apellidos y fechas de sus inquilinos. Pero hay otras, al parecer recientes, que están tapadas simplemente con ladrillos.

“Después de que se acabó la zona de distensión, el Ejército intentó destruirlo, pero la comunidad lo convenció de que no tenía sentido hacerlo. ¿Para qué meterse con los muertos?”, dijo un habitante de Los Andes.

El coronel Juan Carlos Ramírez, comandante de la IX Brigada, que tiene jurisdicción sobre el área, dijo que en la región “hay rumores” de que ese cementerio fue construido por las Farc y de que “hay personal subversivo allí enterrado”, pero agregó que no hay ninguna denuncia formal.

El oficial dijo que en la zona operan la primera y segunda compañías de la columna Teófilo Forero, que cuentan entre sus integrantes con gente de la región.

Por estos días el cementerio está en proceso de adecuación. No solo están ampliándolo, con todo y encerramiento, sino que también están mejorando sus caminos internos y el cobertizo, bajo el cual hay una estructura en ladrillo que parece un horno.

Pero en Los Andes la gente parece muda. Cuando se trata de hablar del cementerio, solo repiten que es de la comunidad para enterrar a sus muertos. Todos son una tumba.

JORGE ENRIQUE MELÉNDEZ Subeditor de política

El negocio de la muerte ofrece pingües (neveras) beneficios a empresarios de Japón

Martes, 2 de abril de 2013

 

 

Frente a una tienda de fideos en un suburbio de Yokohama, (Japón), la hostería de Hisayoshi Teramura se parece mucho a cualquier otro pequeño alojamiento de esta ciudad.

El edificio de tejas blancas y grises es un hotel para cadáveres en el que sus 18 huéspedes fallecidos son arropados en ataúdes refrigerados.

“Decimos que sólo tenemos habitaciones refrigeradas”, dice en broma Teramura cuando se le pregunta cómo responde su personal a los amantes desprevenidos en busca de habitación.

La tarifa diaria en Lastel, tal como se lo conoce, es de 12.000 yenes (157 dólares). Por ese monto, los deudos ingresan a sus muertos mientras aguardan su turno en la lista de espera para uno de los sobrecargados crematorios de la ciudad.

La muerte es un extraño mercado en auge en el estancado Japón y el nuevo emprendimiento de Teramura sólo es un ejemplo de cómo los empresarios están tratando de capitalizarlo.

Existen listas de espera en crematorios y hasta “hoteles” para refrigerar cuerpos, son parte de un negocio de 21.000 millones de dólares al año.

En 2010, según registros del Gobierno, fallecieron 1,2 millones de personas, lo que le dio al país una tasa de mortalidad del 0,95 por ciento comparado con el 0,84 en Estados Unidos, que también es el promedio mundial.

La tasa de mortalidad está en aumento. El año pasado hubo 55.000 muertos más que el anterior y durante la última década cada año en Japón fallecieron en promedio 23.000 personas más.

Para 2040 se espera que las muertes lleguen a un máximo de 1,66 millones al año, cuando muera el grueso de la generación del “baby-boom” del país.

Para entonces la población de Japón se habrá reducido en unos 20 millones de personas, una extinción sin precedentes para una nación que no está ni en guerra ni aquejada por una hambruna.

Aunque dos décadas de crisis han repercutido en los ingresos, la tradición de despilfarrar en ceremonias fúnebres implica que los japoneses siguen pagando un promedio de 1,2 millones de yenes en flores, urnas, ataúdes y otros gastos.

Ello equivale a un mercado que asciende a la enorme suma de 21.000 millones de dólares al año, o dos veces lo que los estadounidenses gastan al año en funerales.

“El mercado ha vivido un furor”, dijo Teramura, quien fundó la compañía desarrolladora de cementerios Nichiryoku hace 45 años.

Incluso la segunda mayor cadena minorista de Japón, Aeon, las compañías ferroviarias y la mayor asociación de granjeros de la nación, Japan Agriculture, están ingresando en el mercado, observó Taramura.

Un hombre vive en un cementerio y duerme en una tumba desde hace 15 años

Martes, 2 de abril de 2013

 

Publicado el 27 febrero, 2013 por

Un hombre sin hogar de 43 años, ha decidido vivir en un cementerio y así enfrentarse al mundo de los vivos en compañía de los muertos. Bratislav Stojanovic ha pasado los últimos 15 años viviendo en una tumba abandonada en la ciudad serbia llamada Nis.

Mucho antes de que tomara esa decisión, Bratislav era un obrero de la construcción, pero se quedó en la ruina por la década de 1990, cuando su país quedó atrapado por un torbellino de guerras étnicas, sanciones internacionales y la crisis económica agobiante, señala The Huffingtonpost.

Con los años, Stojanovic pasaba más tiempo en la calle que en casa. Hace dos años, la casa de la familia se incendió y se quemó hasta los cimientos, matando a su padre y lo dejó sin nada.

Nunca ha tenido un trabajo regular y las deudas que él mismo contrajo lo llevaron a la ruina. ‘No es un palacio, pero es más cómodo que en la calle‘, asegura respecto la tumba donde vive, cuyas lápidas son tan antiguas que es imposible identificar a quienes están enterrados allí.

‘Si muero por la noche, estaré en el lugar correcto‘, asegura Bratislav, que recoge comida de la basura, subsiste gracias a la buena voluntad de las personas y ha renunciado al trabajo formal para su vida, explica infobae.com

Cuenta que al principio tenía miedo, pero ahora le asustan más los vivos que los muertos. Las autoridades locales de Nis han ofrecido Stojanovic un lugar en una residencia de ancianos, pero él se ha negado.